La dislexia es una dificultad específica de Aprendizaje de origen neurológico y aunque los síntomas suelen mostrarse durante toda la vida y afectar a todas las áreas en las que la persona se desenvuelve, en cada caso pueden aparecer unos síntomas y otros no, y presentar además una intensidad diferente.
La dislexia, se ha asociado con problemas de lecto-escritura, y aunque, si es cierto que las principales dificultades que presentan de forma persistente las personas con dislexia son en la lecto-escritura, no obstante, también aparecen síntomas a nivel motriz, artístico y en el área de matemáticas. De hecho, en etapas adultas nos podemos encontrar con síntomas como: dificultades para organizarse, para gestionar el tiempo, reconocer direcciones, seguir una secuencia de instrucciones, recordar fechas, citas o nombres, dificultades de lateralidad, de concentración, de cálculo mental…
Una de las características que destaca en las personas adultas que no han sido diagnosticadas es una tendencia a presentar cambios de humor, incluso trastornos emocionales, debido a la falta de diagnóstico y al desconocimiento de lo que ocurre.
Muchos adultos diagnosticados a edades avanzadas manifiestan que tanto su entorno como ellos mismos se han etiquetado como personas poco inteligente incluso, raras e inmaduras.
Dicha sensación y la cantidad de obstáculos y frustraciones, hace que muchos hayan aprendido a crear con esfuerzo ciertas estrategias de compensación para poder estudiar, trabajar… y en general, poder desenvolverse en su entorno.
La determinación y el esfuerzo de superación han sido y son fundamentales para aquellos que nacieron en una época donde la prevención y la atención a las dificultades de aprendizaje no eran detectadas ni atendidas como en la actualidad.
A continuación os presentamos el vídeo de Inmaculada, cuyo testimonio es muy revelador sobre la importancia que una detección temprana de la dislexia.
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