Se calcula que entre un 5 y un 10% de la población sufre dislexia (diagnosticada o no), la cual se caracteriza por mostrar dificultades de precisión y fluidez en el reconocimiento de las palabras, y dificultades en la escritura, y aunque hoy en día se detecte con más precisión, no siempre fue así.
Muchos autores apuntan a que el fracaso escolar que muchos adolescentes han sufrido se genera por una gestión inadecuada de las dificultades de aprendizaje propiciada, en gran medida, por la falta de conocimientos adecuados que gran parte del profesorado de hace 10 o 15 años no disponía.
Las dificultades, además de a nivel académico, que atraviesan los menores con dislexia, pueden afectar a la esfera emocional y generar problemas de autoestima, debido al feedback que recibe de su entorno; presión por sacar los estudios sin ningún “cate”, ajustarse a un sistema que no contempla sus particularidades (por ejemplo dar mismo tiempo en los exámenes para todos) realizar interminables sesiones de refuerzo educativo, tutores y profesores que no valoran el esfuerzo ya sea por desconocimiento sobre el problema o por no considerar que el rendimiento es el adecuado…
Además, en edades complicadas como la adolescencia, las dificultades percibidas pueden enfocarse como propias, así, una comparativa con el resto de iguales genera una vertiente negativa; se crea la imagen de que otros con menos dedicación, consiguen mejores resultados académicos, generando sentimientos de frustración.
A la baja autoestima se suma problemas de ansiedad, depresión, e incluso somatizaciones debido a la tensión emocional experimentada, haciendo que la adaptación al entorno escolar sea más complicada que para un alumno/a sin dificultades.
Por lo tanto, la intervención interdisciplinar y la compresión de la dislexia hacen que hoy en día, sea mucho más fácil su detección y asimilación. Su aceptación es el punto de partida para que las personas que la sufren, asuman su condición y sean capaces de generar sus propias estrategias de compensación, siempre con un apoyo a nivel académico, familiar y social.
Si la dislexia se diagnostica a tiempo, hay muchas posibilidades de obtener, no sin esfuerzo, unos buenos resultados académicos y una autoestima adecuada, como os mostramos en el siguiente vídeo donde Iván nos cuenta su propia historia de superación.